Fondo

martes, 19 de julio de 2016

El Vacío que Dejaste



Te fuiste de mi vida,
una mañana con olor a primavera
huiste como un rayo de luz
dejando en mí una profunda herida.

No sé como haré para llenar tu vacío
tan grande como el dolor que siento
y menos aún podré entender,
porque me has dejado en el olvido.

Y ahora que te fuiste,
el cielo ya no es el mismo
la luna ya no brilla como antes,
pues no la admiro contigo

Triste y sola me encuentro
y solo me quedan tus recuerdos
una flor marchita, una vieja carta
y un amor golpeando en mi pecho.

Autora  (Daniela Aragunde)



martes, 28 de junio de 2016

Castillo de Santa Bárbara

El castillo de Santa Bárbara (en valenciano, Castell de Santa Bàrbara) se encuentra ubicado en el centro de la ciudad de Alicante, España, sobre el monte Benacantil, mole rocosa de 166 m de altitud lindante con el mar, lo que le confería un enorme valor estratégico ya que desde la misma se divisa toda la bahía de Alicante y sus
alrededores terrestres. La imagen de la montaña desde la playa asemeja una cara, por lo que recibe el nombre de «la cara del moro» y es un icono de la ciudad de Alicante.
Hay historiadores que datan el origen del topónimo en las palabras bena, transcripción al árabe de pinna, 'peña' en latín, y de laqanti, adjetivo que proviene de Laqant, Alicante para los árabes.
En sus laderas se han encontrado restos arqueológicos de la Edad del Bronce, ibéricos y de la época romana, si bien el origen de la actual fortaleza hay que buscarlo a finales del siglo IX cuando la dominación musulmana.
Adquiere este castillo el nombre de Santa Bárbara porque el día de su festividad, 4 de diciembre de 1248, la tomó a
los árabes el infante Alfonso de Castilla, futuro rey Alfonso X el Sabio. Tras una dura resistencia por parte de su alcaide Nicolás Peris, en 1296 Jaime II se posesiona de todo el recinto para la corona de Aragón y ordena su remodelación. Casi un siglo después, Pedro IV el Ceremonioso manda sea rectificado el recinto y el rey
Carlos I ordenará su fortificación a comienzos del siglo XVI.

Hasta el reinado de Felipe II no se produce la gran reforma del castillo, con el nombramiento de alcalde del castillo deJuan Coloma y Cardona, que promueve la construcción de las dependencias que en su mayoría hoy contemplamos. Duraron las obras de 1562 a 1580, según
proyectos de Juan Bautista Antonelli y Giacomo Palearo
«el Fratín». Los bombardeos que sufrió Alicante en 1691 por la escuadra francesa y las acciones bélicas llevadas a cabo contra el castillo durante el período 1706–1709, cuando la guerra de Sucesión, en que estuvo en poder de los ingleses, afectaron gravemente a todo el recinto que sufrió la última acción militar en 1873 cuando la fragata
acorazada «Numancia», en manos de rebeldes cantonalistas de Cartagena, lanzó sus proyectiles sobre la población y su castillo, que sería desartillado veinte años después.

Hasta 1963, en que fue abierto al público, estuvo en una situación de abandono. Fue en ese año cuando se inauguraron los dos ascensores que hacen un recorrido por
dentro de la montaña de 142,70 metros y a los que se accede por un túnel de 204,83 m de longitud que nace en la avenida de Jovellanos, frente a la playa del Postiguet.
El 28 de enero de 1844, durante la Rebelión de Boné del coronel Pantaleón Boné, fue ocupado por las fuerzas liberales contrarias a la política del general Espartero. Juan
Martín «El Empecinado» militar amigo de Boné, traicionó su confianza entregando el castillo a las fuerzas de Espartero, que aplastaron la revuelta fusilando a Boné y a todos sus partidarios en el Malecón del puerto, levantándose más adelante en aquel preciso lugar el Monumento a los Mártires de la Libertad.

Durante la guerra civil española sirvió para recluir primero a prisioneros afines al bando Nacional, y posteriormente a prisioneros afines a la Segunda República, la mayoría procedentes del puerto de Alicante y del campo de concentración de Los Almendros. Todavía hoy pueden apreciarse las marcas y grabados de aquellos
prisioneros en algunas de las zonas del castillo.

Se divide este castillo en tres recintos bien diferenciados:
El primero de ellos es el más alto, se le conoce por «La torreta», al encontrarse en él la vieja Torre del Homenaje, y tiene los vestigios más antiguos de toda la fortaleza, unos basamentos de los siglos XI al XIII. En este recinto contemplamos, entre otros, el llamado Baluarte de los
Ingleses, así como otras dependencias: Parque de Ingenieros, Sala Noble, que fuera hospital, Casa del Gobernador, etc. La explanada más elevada es conocida como «Macho del Castillo»; en ella estuvo la antigua alcazaba. El recinto intermedio corresponde a las dependencias más importantes concluidas en 1580: Salón Felipe II, antiguo Cuerpo de la Tropa frente al amplio Patio
de Armas a cuyas espaldas se hallan las ruinas de la ermita de Santa Bárbara, Cuerpo de Guardia, Baluarte de la Reina, etc.

Del siglo XVIII data el recinto inferior donde encontramos el Revellín del Bon Repós, que hace actualmente las funciones de aparcamiento y en el que se ubica el monumento al ilustre militar alicantino Félix Berenguer de
Marquina que fuera capitán general de Filipinas y virrey de Nuevo México. El gran escudo de mármol Eblanco (siglo XVIII) que hay sobre la puerta de acceso al segundo recinto se hallaba en el Real Consulado del Mar, edificio destruido por una explosión.
En la actualidad, algunas zonas del castillo están siendo restauradas.


martes, 14 de junio de 2016

El Parque Güel


El Parque Güell (Parc Güell en catalán y Park Güell en su denominación original) es un parque público con jardines y elementos arquitectónicos situado en la parte superior de la ciudad de Barcelona (España) 
En 1969 el Parque Güell fue nombrado Monumento Histórico-
Artístico de Carácter Nacional, y en 1984 la UNESCO lo incluyó dentro del Lugar Patrimonio de la Humanidad 
El parque tiene una extensión de 17,18 hectáreas (0,1718 km2). Se trata de un terreno devónico, formado por estratos de pizarra y caliza. En el diseño se pone claramente de manifiesto la mano de
un arquitecto, y el estilo peculiar de Gaudí resulta evidente en cualquier elemento, por pequeño que sea. Existen formas
onduladas, parecidas a los ríos de lava, y paseos cubiertos con columnas que tienen formas de árboles, estalactitas y formas geométricas. Muchas de las superficies están cubiertas con pedazos 
de cerámica o de vidrio a modo de mosaicos de colores, que recibe el nombre de trencadís. Por su localización al margen de la urbe y a una altitud elevada, este parque es un remanso de paz que contrasta con el ruido y frenesí de la capital catalana.

Gaudí se empeñó en lograr una perfecta integración de sus obras en
la naturaleza. Prueba de ello son las columnas constituidas de piedras de tamaños y formas muy variables, que sugieren troncos de árboles, estalactitas y cuevas naturales. Los ángulos rectos no aparecen en ningún lugar: las columnas están inclinadas como
palmeras. Cuando Gaudí se hizo cargo del proyecto la zona estaba
deforestada —como indicaba su nombre de Montaña Pelada—, por lo que mandó plantar nueva vegetación, escogiendo especies mediterráneas autóctonas, las que mejor se adaptaban al terreno: pino, algarrobo, encina, eucalipto, palmera, ciprés, higuera,
almendro, ciruelo, mimosa, magnolia, pita, lentisco, hiedra, maquia, coscoja, retama, jara, romero, tomillo, lavanda, salvia, etc.

El acceso al parque presenta una estructura alegórica de gran simbolismo donde, dentro de los parámetros conceptuales que compartían Gaudí y el conde Güell, centrados en el catalanismo
político y en la religión católica, se presenta la urbanización como una alegoría que representa lo más elevado del mundo terrenal y espiritual, con referencias tanto al avance de la industria y el desarrollo de la burguesía como a la cultura de tradición clásica grecorromana y, especialmente y por encima de todo, la presencia
de la religión: el acceso al parque representa la entrada al Paraíso, al lugar utópico donde reina la calma y el bienestar.
Gaudí situó la entrada en la parte más baja de la montaña (calle Olot), la más cercana al núcleo urbano. Como acceso ideó una entrada monumental con un par de gacelas mecánicas que se
abrirían con las dos puertas, pero que no llegó a construirse. En su lugar se ubicó una puerta de hierro forjado, representando hojas de palmito, que fue trasladada al parque en 1965 procedente de la Casa Vicens, una de las primeras obras de Gaudí. El parque cuenta con otros seis ingresos: dos laterales en cada extremo de la calle
Olot, donde se sitúa la entrada principal, dos en la Avenida del Coll del Portell y otra en la Carretera del Carmel.
En los dos lados de la reja de entrada se sitúan dos pabellones, que estaban destinados uno a portería y otro a administración y mantenimiento de la urbanización. Junto a los pabellones nace una
muralla que tenía que envolver el recinto, aunque sólo se construyó parcialmente. Está construida con piedra rústica del lugar y rematada con cerámica, donde destacan los medallones con las inscripciones «Park» y «Güell». Tanto la muralla como los pabellones se construyeron entre 1900 y 1903.
En la entrada se sitúa un vestíbulo de 400 m2 para organizar los accesos al parque, a cuyos lados se sitúan dos áreas de servicio a modo de grutas, la de la izquierda para garaje y almacén, y la de la derecha para refugio de carruajes. Esta última tiene una sala circular sostenida por una columna central de forma cónica, con
una estructura que recuerda las patas de un elefante; dicha columna es semejante a la de la cripta del Monasterio de Sant Pere de Rodes, posible lugar de inspiración del arquitecto. Esta sala tiene la particularidad de que el sonido viaja por sus paredes, por lo que es común ver a dos personas en sus extremos hablando el uno con el
otro de espaldas. Los pabellones de entrada son del más puro estilo gaudiniano, con una estructura orgánica reflejo del profundo estudio que Gaudí hacía de la naturaleza. Realizados con mampostería de piedra del lugar, destacan por sus bóvedas en forma de paraboloide hiperbólico, cubiertas con cerámica de vivos
colores. Gaudí utilizó la técnica de la bóveda catalana o «bóveda tabicada», que consistía en la superposición de varias capas de ladrillos con argamasa. Algunas de las estructuras eran prefabricadas y luego instaladas en sus lugares correspondientes, adelantándose Gaudí de nuevo a las técnicas de construcción
actuales.


El pabellón más pequeño, destinado a administración, tiene dos plantas, terraza y una torre coronada por la típica cruz gaudiniana de cuatro brazos, que se alza a 29 metros del suelo. El pabellón más grande, la portería, tiene tres plantas, y está rematado con una cúpula en forma de seta (amanita muscaria). Los pabellones
combinan la piedra rústica con la cerámica en trencadís. Por su fantasía formal y cromática se ha sugerido que los pabellones evocan el cuento de Hänsel y Gretel, cuya versión operística, a cargo de Engelbert Humperdinck, se representaba en el Liceu en 1901 —año de construcción de los pabellones—, con traducción de Joan Maragall, amigo de Güell y Gaudí. 
Del vestíbulo de entrada parte una escalinata que conduce a la plaza central de la urbanización, construida entre 1900 y 1903. Está dispuesta simétricamente alrededor de una escultura de salamandra que se ha convertido en el emblema del jardín y de Barcelona. Puede representar la salamandra alquímica, que simboliza el
elemento fuego, aunque también se suele interpretar como un
dragón, quizá el mitológico Pitón del templo de Delfos.
La escalinata está ubicada entre muros almenados, y tiene tres tramos de once escalones y uno de doce. En su zona central alberga tres fuentes con conjuntos escultóricos, que representan los países catalanes: Cataluña norte, francesa, y Cataluña sur, española. En la
primera fuente Gaudí situó un círculo como símbolo del mundo y un compás como símbolo del arquitecto. Su forma parece evocar un lugar llamado L'Argenteria («la platería»), en el desfiladero de Collegats en el curso del río Noguera Pallaresa. La segunda fuente contiene el escudo de Cataluña y una serpiente, como alusión a la medicina —o bien representando a la serpiente Nejustán que
llevaba Moisés en su cayado—, rodeados de flores de eucalipto. En
la tercera fuente, el dragón o salamandra representa a la ciudad de Nîmes (presente en el escudo de esta ciudad), lugar donde se crió Güell; sobre esta figura hay una pequeña construcción en forma de trípode, en alusión al utilizado por la pitonisa de Delfos. En el último tramo de la escalinata se sitúa un banco en forma de odeón,
situado de forma que le da el sol durante el invierno y la sombra durante el verano.

A uno de los lados de la escalinata se sitúa el colegio CEIP Baldiri Reixac (antigua casa del conde Güell), mientras que al otro se encuentra el Jardín de Austria, proyectado en los años 1960 por Lluís Riudor i Carol.
Sobre la escalinata se sitúa la Sala Hipóstila o Sala de las Cien Columnas, que sirve de soporte a la plaza superior. Construida entre 1908 y 1909, esta sala fue pensada para funcionar como mercado para el barrio residencial que Gaudí estaba creando, pero actualmente no cumple tal función y sólo la utilizan algunos músicos para disfrute de los turistas por la buena acústica que ofrece.
Está compuesta por 86 columnas estriadas, de 6 metros de alto y 1,20 de diámetro, confeccionadas de mortero y escombro simulando mármol, y tienen revestimiento de trencadís, hasta una altura de 1,80 m. Las columnas exteriores están ligeramente inclinadas para lograr un mejor equilibrio estructural. Son de orden dórico, aunque de ábaco octogonal en vez de cuadrado, parecidas a

estalagmitas gigantes en una cueva. El techo está confeccionado con bóvedas semiesféricas revestidas con trencadís blanco, entre cuyos espacios se sitúan 4 plafones circulares (rosetas), que representan las cuatro estaciones del año, con dibujos de soles de 20 puntas, y 14 más pequeños que representan el ciclo lunar, con dibujos de remolinos y espirales. Los plafones fueron obra de Jujol, el colaborador de Gaudí con más fantasía creativa.

 El punto central del parque lo constituye una inmensa plaza de

forma oval, de 3.000 m2, construida entre 1907 y 1913. Su borde sirve de banco y ondula como una serpiente de 110 metros de longitud. Está recubierto de pequeñas piezas de cerámica y cristal obra de Josep Maria Jujol, con una de las técnicas preferidas del arquitecto, el trencadís. Según el plano original, la plaza central debía ser un teatro griego, apto para las reuniones comunitarias y para la celebración de eventos culturales y religiosos. En su parte
exterior contiene un friso cubierto de gárgolas para desaguar la lluvia, así como pequeñas figuras en forma de gota de agua.

El banco ondulante está formado por una sucesión de módulos cóncavos y convexos de1,5 m,con un diseño ergonómico adaptado al cuerpo humano. La base es de trencadís blanco, y se corona con una decoración cerámica que recuerda los collages dadaístas o
surrealistas, con motivos generalmente abstractos, pero también algún elemento figurativo, como los signos del Zodíaco, estrellas,
flores, peces, cangrejos, etc. El trencadís se construyó con materiales de desecho, baldosas, botellas y trozos de vajilla. Predominan los colores azul, verde y amarillo, que para Gaudí simbolizaban la Fe, la Esperanza y la Caridad. Jujol incluyó también rosas y frases alegóricas en homenaje a la Virgen María, en catalán y en latín.

Esta plaza está sin pavimentar, debido a que el agua que recoge procedente de precipitaciones es drenada y canalizada por las columnas que la sostienen, y es acumulada en un depósito
subterráneo de 1.200 m3, para posteriormente ser empleada para regar el parque. Si el depósito sobrepasa un límite determinado, el agua sobrante es expulsada por el dragón que da la bienvenida al parque. Gaudí construyó una serie de viaductos para transitar por el parque, lo suficientemente anchos para el paso de carruajes, y con unos caminos porticados por debajo para el paso de transeúntes.

Los caminos tienen una longitud total de tres kilómetros, que salvan el desnivel de la montaña y comunican de forma óptima el nivel inferior con el superior. Los viaductos tienen soluciones estructurales diferenciadas, inspiradas en distintos estilos arquitectónicos: el inferior (Viaducto del Museo) en estilo gótico, el intermedio (Viaducto del Algarrobo) barroco y el superior (Viaducto de las Jardineras) románico. 

El camino principal, llamado del Rosario por tener una hilera de
bolas de piedra a modo de cuentas de un rosario, parte de la plaza
central atravesando el parque en sentido transversal; tiene diez metros de ancho, y se construyó sobre una antigua calzada romana que conducía a San Cugat del Vallés. También destaca el llamado Pórtico de la Lavandera, apodado así por una columna de tipo cariátide esculpida en forma de lavandera, aunque otros estudiosos ven en la forma de esta columna una imitación de La portadora de ofrendas, una famosa estatuilla egipcia conservada en el Museo del Louvre. Este pórtico rodea la Casa Güell, y tiene forma de claustro románico —posiblemente inspirado en el de la Catedral de Elne—,
con una doble hilera de columnas, las interiores inclinadas para soportar mejor el peso; un segundo tramo del pórtico es una rampa en forma de espiral, con columnas helicoidales. En la entrada del pórtico se encuentra una puerta de hierro con forma de «hígados de ternera», según una famosa frase de Salvador Dalí. 



Related Posts Plugin for WordPress, Blogger...