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viernes, 30 de octubre de 2026

Palacio Episcopal de Astorga (León)

 

El Palacio Episcopal de Astorga es un edificio neogótico situado en la ciudad española de Astorga (León). Fue proyectado por el arquitecto modernista

Antoni Gaudí y es una de sus pocas obras realizadas fuera de Cataluña, junto a El Capricho de Comillas, en Cantabria, y la Casa Botines de León. Su construcción se
llevó a cabo entre 1889 y 1915. Esta obra pertenece al período neogótico de Gaudí (1888-1898).En sus obras elimina la necesidad de contrafuertes mediante el
empleo de superficies regladas y suprime cresterías y calados excesivos. Ya que la ciudad no disponía de un arquitecto diocesano, el obispo Joan Baptista Grau i
Vallespinós decidió encargar la construcción del nuevo palacio episcopal a su amigo Gaudí. Cuando Gaudí recibió el encargo de construir el palacio episcopal
estaba ocupado en diversos proyectos como el palacio Güell, los pabellones Güell, el colegio de las Teresianas y la Sagrada Familia, por lo que no podía
desplazarse a Astorga para estudiar el terreno y el entorno del nuevo edificio. Para no retrasar el proyecto le pidió al obispo que le enviase fotografías, dibujos y
demás información del lugar, que le permitiese comenzar a proyectar el palacio de manera que armonizase con las edificaciones de su entorno. Una vez hubo
estudiado todo el material recibido, Gaudí preparó los planos del proyecto y los envió a Astorga. Grau se sintió satisfecho e inició los trámites para obtener los
permisos administrativos ya que al ser un edificio público debía tener el visto bueno de la Real Academia de Bellas Artes de San Fernando. Gaudí hizo una visita a
Astorga y, después de visitar el terreno, hizo algunos pequeños cambios a los planos. Gaudí visitó las obras dos veces en 1890, tres en 1892 y cuatro en 1893. El 24
de junio de 1889, onomástica del obispo, se puso la primera piedra. Gaudí decidió emplear en la obra obreros y albañiles catalanes que ya habían trabajado para él
a fin de que durante sus ausencias la obra continuase de forma precisa según sus ideas. El Palacio Episcopal de Astorga es un edificio que tiene un aire medieval, ya
que Gaudí lo proyectó en estilo neogótico.  Concibió el palacio como un castillo en el exterior y una iglesia en el interior. La piedra utilizada para su construcción —
granito gris del Bierzo— es respetuosa con el entorno, en especial con la catedral que se encuentra en la inmediata vecindad, así como también con la
naturaleza, que en la Astorga de finales del siglo XIX estaba más presente que en la actualidad. No obstante, el edificio también incorporaba algunos de los
elementos que caracterizarían a Gaudí en sus futuras obras como los arcos de la entrada principal y el volumen situado encima de ella, o las grandes chimeneas
que de forma ostensible se integran en las fachadas laterales. El palacio tiene planta de cruz griega, sobre la que se superpone una planta cuadrada, con cuatro torres
cilíndricas en las esquinas, y rodeado por un foso. En las torres se encuentra el escudo del obispo Grau, con la leyenda Pax Christi in cordibus vestris y la letra
griega tau, por Tarragona. En dos de los
laterales presenta unos cuerpos sobresalientes de planta rectangular, mientras que en los otros dos se encuentran la torre de entrada y la capilla:
la primera es de base cuadrada y cuenta con un porche de acceso al palacio; la segunda es también rectangular y está rematada con un ábside y tres absidiolos.
A la fachada principal se accede por una escalinata circular situada en un puente sobre el foso. El pórtico de entrada tiene tres grandes arcos abocinados, hechos
con sillares separados entre sí por contrafuertes inclinados, con largas dovelas que recuerdan las masías catalanas del siglo xv. En su interior se
halla una bóveda sujeta por arcos apuntados sobre pechinas. En el segundo y tercer piso de la fachada abundan los vanos, decorados con vidrieras, y remata
esta fachada el escudo del obispo Alcolea, realizado en granito. La estructura del edificio se sustenta en pilares con capiteles decorados y en bóvedas de crucería sobre arcos ojivales de cerámica
vidriada. Se remata con un almenado de estilo mudéjar. En el jardín del palacio se hallan tres esculturas de ángeles pensadas inicialmente para la cubierta del

edificio, pero se colocaron finalmente como esculturas exentas. Fueron elaboradas en 1913 por la Real Compañía Asturiana de Minas según un diseño original de Gaudí y se trasladaron a su ubicación actual en 1963, dos frente a la

puerta principal y otra en el lado opuesto, sobre unos pedestales. Están realizados en zinc; uno de los ángeles sostiene una cruz procesional, otro un báculo y el tercero una mitra episcopal. En el interior hay cuatro niveles: un semisótano, la planta baja —para dependencias

administrativas—, el piso principal —con la estancia del obispo, el salón del trono y la capilla—, y el desván. Destaca la riqueza ornamental conseguida con diversos materiales (granito, ladrillo, yeso, mosaico, cerámica, esgrafiados, vidrieras), así como la fluidez espacial y la luminosidad que el arquitecto

logró conferir al palacio. Un buen ejemplo de esta riqueza decorativa es la variedad de capiteles que Gaudí diseñó para las diversas columnas del conjunto palaciego, en el que se combinan diversos estilos, desde el gótico y el mudéjar hasta los motivos naturalistas

tan del gusto del arquitecto, pasando por unos capiteles de ábacos estrellados inspirados en la Sainte-Chapelle de París.

El sótano es austero, con una atmósfera de castillo medieval más patente que en el resto del edificio. Este vestíbulo

está decorado con catorce pinturas de Modesto Sánchez Cadenas. El salón central está sostenido por seis columnas monolíticas de granito con capiteles de
estilo mudéjar. Tanto el vestíbulo como el salón están decorados con piezas de cerámica de Jiménez de Jamuz y escudos heráldicos de obispos y marqueses de
Astorga. En el despacho destacan sus vidrieras de rico colorido con representación de escudos heráldicos y

unas columnas con mocárabes de estilo
nazarí. Además de otras dos habitaciones, cierra el conjunto de la planta noble la capilla, que es una estancia sin columnas con acceso en forma de dos arcos
apuntados; en la paredes hay frescos de Fernando de Villodas, con diversos temas bíblicos. Fotos bajadas de Internet, si los autores no desean que estén en este espacio les ruego me lo hagan saber y serán retiradas de inmediato. Gracias.




jueves, 15 de octubre de 2026

Salobreña

 

Salobreña es una localidad y municipio español situado en la parte centro-oeste de la comarca de la Costa Granadina, en la provincia de Granada,

comunidad autónoma de Andalucía. Los orígenes de Salobreña se retrotraen a la Antigüedad, siendo esta una zona en la que hubo una importante presencia fenicia
y, posteriormente, romana. Del período medieval data la primitiva construcción el castillo de Salobreña, que vivió un cierto esplendor en época nazarí. 
Como ciudad
hispanorromana de la Bética, Salobreña es conocida como Segalvina y como tal, consta en las actas del Concilio de Ilíberis. El nombre que recibe en lengua árabe es
el de Shalubānya, pronunciado también Shalubīnya (del que procede el nombre actual) debido a la imala, un rasgo peculiar de pronunciación presente en el árabe
andalusí.La historia de Salobreña se documenta desde la época neolítica, con numerosos hallazgos arqueológicos. En esta época, no existía la actual vega, sino
una bahía en la que el cerro donde actualmente se asienta Salobreña era una isla. Los aportes realizados por el río Guadalfeo, hicieron desaparecer poco a
poco la bahía, y que esta se convirtiera en una fértil vega durante las épocas del Cobre y Bronce. La isla de Salobreña se unió a tierra firme, pero todavía el Peñón
salobreñero era un islote. En el tercer milenio a. C. aparecen los primeros asentamientos estables en los diferentes promontorios de la zona, dedicándose
principalmente a la agricultura y a la ganadería. 
Los fenicios llegan a esta zona costera, denominada Sel o Selambina. En el siglo VI a. C. se encuentra bajo la
influencia púnica, pasando a depender de Gadir (actual Cádiz). Del siglo II o I a. C. data el santuario púnico excavado en el peñón de Salobreña, que más tarde sería
empleado para la industria de salazones.  Sí existen evidencias de poblamientos romanos rurales como los hallazgos de cerámica en Cerro del Vínculo, un posible
alfar y villa La Taiba en Lobres (siglos I-III), alfar en Los Barreros (siglos III-V), villa y alfar en Los Matagallares (siglos III-IV), posible centro alfarero en Cortijo Chacón
(siglos I-III) y un depósito de agua en Avenida Salobreña.​ En esta época los cultivos más representativos son el cultivo de la vid y el olivo, además de la pesca y al
salazón.En el año 711 sucede la invasión musulmana de la península ibérica. Durante el siglo XI, tras la caída del Califato de Córdoba, Salobreña pertenece
a la Taifa de Granada hasta la conquista de los almorávides. En el siglo XIII el geógrafo egipcio Yaqut al Rumi describe el castillo de Salobreña como un hisn junto al mar y
con cultivos de platanares, caña de azúcar y con encinas. El castillo albergó un palacio para recreo en la época Nazarí, y además fue empleado como prisión de

personajes ilustres desterrados como Yusuf III, Muhammed VIII el Pequeño, Muhammed IX el Zurdo, Abu Nasr Saad y Muley Hacén. 
Durante quince años estuvo preso Yusuf III, alejado de la Corte del Reino de Granada para evitar
que reclamara sus derechos dinásticos sobre su hermano. La leyenda cuenta que fue terminar una partida de ajedrez lo que le salvó de morir asesinado y le permitió
heredar el título de rey, terminando de esa manera su cautiverio en el castillo de Salobreña. 
El fin de la época musulmana tuvo lugar en 1489, con Francisco Ramírez
de Madrid, aunque todavía en 1490 tuvo lugar una sublevación a favor de Boabdil, lo cual causó que Salobreña quedase ocupada por castellanos, y que a los
musulmanes los relegaran a las alquerías circundantes. Francisco Ramírez de Madrid fue nombrado alcaide del castillo por los Reyes Católicos en recompensa
por la conquista del lugar. El castillo de Salobreña conservó su importancia militar hasta el siglo XVIII, por lo que se llevaron a cabo importantes obras de reforma. La

sublevación de los moriscos se extendió también a Salobreña. Esta sublevación dio lugar a la intervención del marqués de Mondéjar en 1569 para su extinción. A diferencia de la gran mayoría del territorio, en Salobreña y en Almuñécar no
se repartieron las tierras de los moriscos expulsados, sino que fueron vendidas por la Corona. Fotos bajadas de Internet, si los autores no desean que estén en este espacio ruego me lo comuniquen y serán retiradas de inmediato. Gracias.