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domingo, 15 de marzo de 2026

A veces, tomando café

           

A veces, tomando un café con la muerte

- esa muerte lenta de cuando el amor termina –,

he vuelto a conversarle de cuánto te adoraba,

de cuan doloroso es no poder volver a verte.


De aquél muchachito al que los sueños sobraban,

amante de la espera que bellamente germina en tu cuerpo,

del metro y pico que te alzas sobre el nivel del mar,

del erotismo de los silencios que antes llegaron a unirnos.


De aquél que en secreto vuelve a la noche en que el mar no tuvo sueño,

que se sumerge en el espejo de pared donde antes te encontraba,

que camina en su voz las calles donde solía tomar tu mano,

que intenta encontrar tu sonrisa en la esquina que casi olvidaba.


Del fuego aquel consumido en la nada,

de la pasión efervescente que heló la distancia,

del tiempo que en sus círculos cada tanto le aviva de nuevo,

del beso que en verso quedó aguardando la soledad y el olvido.


También de tu nombre deletreado en las noches calmadas,

en los atardeceres de lluvia, lentos y a veces infernales,

en ciudades distintas, impensadas, sombrías y distantes,

en las paredes que guardan el secreto de sus letras amadas.


También de los ojos donde mis ojos se miraron,

del sonido de tus pasos que hoy sigo a lo lejos,

de volver a sentirte y la imposibilidad de hacerlo,

de la mesa aquella en la que los deseos quedaron.


También del temor de volver a verte sin poder alcanzarte,

del deseo que reconstruye tu silueta y anhela estrecharla,

de la caricia suspendida en el vasto silencio de la distancia,

del secreto límpido que nos encuentra en el susurro de la noche.


A veces, tomando un café, le converso a la muerte,

de ti, de mí, lo que somos, pudimos ser y no fuimos.

A esa lenta de cuando el amor acaba… esa lenta muerte,

le hablo de la luna donde, como besos, me miran tus ojos.

Autor


Luis Carlos Ramírez Lascarro


Foto y poema bajadas  de Internet, si los autores no desea que estén en este espacio, les ruego me lo hagan saber y serán retiradas de inmediato. Gracias.

                                                                                   


1 comentario:

  1. A veces, leyendo versos como estos, uno siente que el café se enfría entre los dedos mientras la memoria se calienta por dentro. Qué manera tan delicada de nombrar la ausencia, de convertir la pérdida en un diálogo íntimo con la muerte lenta del amor. Hay imágenes que se quedan respirando en la mesa: la sonrisa buscada en una esquina olvidada, el fuego que aún aviva el tiempo, la caricia suspendida en la distancia.
    Un poema que no solo recuerda: acompaña.

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